Superar las pérdidas.

Nuestros hemisferios cerebrales están en constante sincronía; ellos intercambian información constantemente y logran de ese modo, un buen estado de salud mental y emocional. Podemos decir que nuestro cerebro tiene un sistema de “auto-curación” constante.

No obstante, cuando ocurren hechos tan traumáticos como la muerte de un ser querido sentimos que el mundo se nos viene encima; nos impacta, nos desestabiliza y nos perturba. Producto de ello, nuestro cerebro pierde la sincronía. Cuando esto ocurre, la situación de pérdida (con la imagen, los sonidos y las creencias negativas asociadas a la misma), se aloja en el hemisferio derecho y se queda sin poder acceder a los recursos y a la experiencia que residen en el hemisferio izquierdo y que le permitirían procesar correctamente la situación.

De esta manera, las personas se quedan atrapadas en la incredulidad y el dolor emocional.

Durante este período difícil y triste las personas pueden experimentar reacciones psicológicas:ansiedad, tristeza, dificultades de concentración, rabia; reacciones físicas: insomnio, pérdida del apetito, desgano; reacciones sociales: relaciones que deben reestructurarse, roles familiares que cambian, y reacciones conductuales: retracción, retraimiento, etc. Todas estas manifestaciones son la consecuencia de una pérdida no procesada o procesada parcialmente.

Cada persona es un mundo y, probablemente, pocas cosas sean tan ciertas como esa. Sin embargo, muchas de personas que llegan a la psicoterapia tras la muerte de alguien cercano (por iniciativa propia o empujados a ella por sus seres queridos), presentan algunos comportamientos que podrían resultarle familiares para cualquiera de nosotros.

  • No quieren dejar de llorar por la pérdida, pues entienden que ello sería algo así como olvidar a la persona.
  • Necesitan convivir con el dolor, a veces, por algún posible sentimiento de culpa en el momento de la muerte.
  • Ese estado de dolor permanente les provee de la atención y el afecto constante de sus seres queridos.
  • Se rodean de imágenes, de objetos, de símbolos y de olores. Crean realidades, submundos en los que mantienen “viva” a la persona que se fue. Incluso, hablan de ella como si estuviera ahí mismo en cada situación diaria.
  • Les resulta imposible aceptar que les han dejado para siempre y parecen no encontrar otros motivos para seguir adelante.

Como psicoterapeuta: ¿qué darías por ser capaz de apaciguar o hacer desaparecer ese dolor en poco tiempo?

Con Método SHEC -Sincronización de Hemisferios Cerebrales- es posible procesar y liberar rápidamente el trauma y el dolor físico y el dolor emocional que la pérdida de un ser querido produce en las personas, logrando resultados muy rápidos y eficaces desde la primera sesión y permitiendo abreviar considerablemente la terapia. 

El protocolo de duelo con Método SHEC involucra únicamente tres fases de trabajo: 

Fase 1: Falta de sincronía. Estado de Shock. Incredulidad.

En esta fase observamos shock-negación-embotamiento. Si este fase no se resuelve quedará bloqueando total o parcialmente el procesamiento de duelo o de trauma.

En esta etapa el paciente está en un estado de incredulidad. Aunque sabe que ha perdido o puede perder al ser querido, no puede dar crédito a que realmente ha sucedido así. La mente niega la pérdida. Efectivamente, las primeras palabras pronunciadas después de escuchar o de padecer el hecho son: “No puedo creer que haya sucedido”.

En esta primera fase se aborda con rapidez el shock (desincronización hemisférica) que se ha dado tras la muerte de un ser querido.

A través de un protocolo muy sencillo, en menos de 5 minutos, en la mayoría de casos, elaboramos esta fase, reconectando los hemisferios cerebrales; fase en la que algunos pacientes llevaban meses e incluso años sin resolver. Una Vez superada esta fase pasaremos a la siguiente.

Fase 2: Trabajamos emociones, sensaciones físicas y creencias negativas.

Logramos que la información estancada en el hemisferio derecho durante la pérdida pueda convertirse en información adaptativa; esto se logra gracias a la sincronización con el hemisferio izquierdo que es donde se encuentran los recursos.

Poco a poco, el paciente consigue una desensibilización de la emoción y una reestructuración cognitiva que permite que aparezcan nuevos sentimientos positivos y nuevos recursos, consecuencia del reprocesamiento que se lleva a cabo a nivel neurofisiológico.

A través de un protocolo y ejercicios adecuados desbloqueamos:

  • Emociones de dolor: miedo, enojo, tristeza, depresión, pena, rabia.
  • Creencias negativas.
  • Desaparece o se reduce al máximo el malestar físico: presión en el pecho, ahogo, cuello, etc.

Fase 3: Entendimiento. Aceptación. Recuperación.

  • Aceptación de la muerte.
  • Integrar la ausencia de esa persona dentro de la visión del futuro.

Una vez se termina el proceso, la persona es capaz de observar la situación de duelo sin desbordarse emocionalmente.

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